Capítulo XX

Capítulo 20. Urgencias.

urgencias

Uno de los hombres de Brat abrió de una patada la puerta del centro de salud. En cabeza iban tres hombres, escudriñando cada rincón con la linterna de su fusil. Avanzaban despacio pero seguro, era imposible que un zombi les pillase desprevenidos. A estos les seguían los otros tres hombres. Cobalsky y Brat llevaban a Harry de los hombros dado que este sangraba generosamente de la pierna izquierda.

Al parecer el plan de las putas se había complicado un poco. Nada más empezar, al pasar por Torreblanca, ya empezaron a vérselas putas (jaja, putas). Como había vaticinado Doc, los zombis que en el momento de la infección tuviesen en su organismo algún rastro de drogas se convertían en “dopaos”. Y no había mayor cantidad de dopaos en ningún otro pueblo de la provincia. Al poco tiempo de acercarse al llamativo local con luces de neón, una horda compuesta por cerca de dos mil zombis se lanzó hacia su posición. Se salvaron gracias a que su vehículo estaba fuertemente acorazado y repelió el ataque de los no muertos.

El siguiente puticlub que se encontraron lamentablemente estaba en llamas (Matias Prats: El local era el más caliente del pueblo.), por lo que tampoco pudieron calmar sus necesidades.

Finalmente, en Benicássim, encontraron un local tranquilo y acogedor, en el que la plaga zombi todavía no había llegado. Estuvieron varias horas disfrutando de las grandísimas profesionales que trabajaban en el prostíbulo, hasta que Harry comenzó una violenta pelea con una de las cortesanas. Al parecer la ramera contestó con un bofetón a una de las proposiciones de Harry (Ojito para escandalizar a una furcia, ¿eh? Ojito) a lo que el militar respondió estampándole un botellín de cerveza en la cabeza.

Terminaron saliendo los seis del puticlub, con las manos en la cabeza, intentando cubrirse del aluvión de vasos y botellas que les caía encima. A pesar de todo, Harry se llevó una merecida cuchillada en la pantorrilla izquierda. La herida sangraba abundantemente por lo que era necesario intervenir al soldado. El médico del grupo, McGregor, concluyó que lo más sensato era dirigirse al centro de salud más cercano.

El equipo Alfa avanzaba con cautela por el pasillo principal del centro, en busca de un quirófano o habitación vacía, cuando un sonido sospechoso proveniente de una habitación cercana alertó al grupo que iba en la delantera. McGregor, que era el que abría el paso de la expedición, asomó el rifle en la habitación y abrió la puerta de golpe. En su interior, encontró a una joven morena, con las ropas ensangrentadas, durmiendo en la cama de la habitación. La muy condenada roncaba como una morsa moribunda.

morsa

La joven se despertó ipsofacto y se quedó asombrada por la imagen que sucedía ante sus ojos. Mientras el grupo principal atendía a Harry en una de las camas de la habitación Brat y su hombre de confianza se acercaron a la chica.

La conversación que en adelante se expone ocurre en inglés, hablado perfectamente tanto por Bea como por Juan y Roberto, gracias al fantástico y envidiable sistema educativo español que les ha proporcionado habilidades lingüísticas extraordinarias tanto en inglés, francés, como en alemán.

¡Joder, si te creíste lo de que el Castellón subiese a primera división tienes que creerte esto también, no me jodas!

–¿Estas bien, muñeca?

–¿Quién cojones sois vosotros? ¿Qué hacéis aquí?

–Esas son muchas preguntas. Somos americanos, estamos en España en una misión secreta. Han herido a nuestro compañero en plena batalla y necesitábamos asistirle en un centro médico. ¿Estás sola? ¿Quieres venirte con nosotros? Podemos protegerte. –Mientras Brat decía estas palabras acercó su mano al brazo de la joven, con la sana intención de sobetearla. Al tocarla, notó que la joven estaba muy fría, demasiado para la temperatura que había en la habitación. Fue entonces cuando vieron la herida del cuello, el mordisco que indicaba que la pobre chica estaba infectada.

–¡Wow! ¿Cuándo te han mordido, nena? –Mientras decía estas palabras, Aidrean, un joven de origen escocés que acompañaba a Brat en todos sus viajes, introducía una bala en la recamara de su nueve milímetros.

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