Capítulo XXIII

Capítulo 23. No siento las piernas…

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Unas horas después del experimento, los dos científicos estaban reunidos, esta vez en una habitación normal, con el conejillo de indias acostado sobre la cama, faltándole la mitad inferior del cuerpo. Sí, incluida la pilila.

–Ya lo entiendo todo, cariño.

–Pues ya puedes empezar a cantar. Y te he dicho que no me llames así.

–A ver, mi reciente perdida de extremidades me ha hecho recordar un hecho curioso que ocurrió cuando estábamos en el centro de salud donde te hicimos lo del TAC. Hubo un destello rojizo en una habitación y más tarde descubrimos la mitad inferior de  un ser humano en su interior. Ahora que lo pienso, la ropa que llevaba puesta me resultaba familiar. Estoy seguro que ese trozo de cuerpo que apareció entonces es la mitad que me falta. Además, apenas ya no lo recordaba pero unas semanas antes del estallido del brote tuvimos un fenómeno extraño en casa. Apareció una luz roja en el rellano de la escalera, seguida de una nota misteriosa que advertía que el laboratorio CHEVIRAL iba a provocar una pandemia mundial. –Bea se quedó pensativa unos minutos, con la mirada perdida, intentando asimilar lo que su compañero le estaba contando.

–Es cierto, no te había dicho que puse en la nota… ¿Me estás diciendo que no podemos cambiar el pasado? ¿Qué nada de lo que hagamos podrá cambiar el destino de la humanidad? Estas tirando por tierra todo mi trabajo de los últimos veinticinco años. ¡Joder!

–Al parecer estamos condenados a vivir en este flujo temporal…

Viajar-en-el-tiempo

La palabra flujo temporal resonó en la mente de Bea durante unos segundos. Ella siempre había visto el tiempo como una carretera de un solo sentido, en la que solamente podías moverte hacia el futuro, y jamás hacia el pasado. Con su máquina habían conseguido lanzar pequeños fragmentos hacia el pasado, pero esto no había afectado en lo más mínimo a la línea temporal.

Y es que no hay que ver el tiempo como un camino, sino como un río. Lanzar pequeños fragmentos río arriba era inútil, pues se hundían rápidamente. Era necesario moverse con la barca entera río arriba.

–No es que no podamos cambiar el pasado, el problema está en que así no lo vamos a lograr.

–De que hablas, ¿me he perdido algo?

–Teníamos que averiguar si a los viajes en el tiempo les afectan las paradojas temporales, y ya lo hemos resuelto. La respuesta es que depende del viaje.

–¿Eing?

–Tengo que pensar en otro método para mandarte al pasado, algo que me permita viajar en el flujo temporal con un menor coste energético y que sea capaz de cambiar el pasado.

–No entiendo una mierda.

–Me voy al laboratorio.

–¡Oye! ¡Pero no me dejes aquí tirado!

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