Capítulo XXVIII

Capítulo 28. ¿Lo entiendes, o te hago un dibujo?

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–Ostia puta. ¡Nos están bombardeando!

–¡Hay que ponerse a cubierto! ¡Rápido!

Los dos zombis entraron en la primera casa que pillaron. Era una de las cientos de casas deshabitadas que la burbuja inmobiliaria había dejado a lo largo y ancho del país. Las calidades de los materiales y los acabados no eran ninguna maravilla pero tampoco era el momento de ponerse quisquilloso. Roberto abrió la puerta de una patada y se dirigieron rápidamente a las escaleras que apuntaban hacia el sótano. Mientras las bajaban, vieron como un fuerte destello entraba por la ventana de la casa, seguido segundos después por la onda expansiva. Los cristales de la casa estallaron simultáneamente. Bea y Roberto se lanzaron al fondo del sótano y se protegieron debajo de las escaleras del mismo.

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Al parecer, en la comisaría, justo después de comenzar la reyerta, Brat había avisado al grupo Bravo de que si en cinco minutos no recibían respuesta del equipo Alfa debían ejecutar el plan B.

Y este consistía básicamente en borrar la Comunidad Valenciana del mapa, con un par de bombas nucleares.

La explosión destruyó la ciudad de Castellón completamente, y los daños se extendieron hasta quince kilómetros a la redonda. En el caso de los dos jóvenes simplemente quedaron atrapados y sepultados en el sótano de la casa sin consecuencias más graves para su integridad física. Tardaron cerca de seis meses en salir de allí.

Fue en este periodo, mientras intentaban abrirse paso por los escombros hasta la superficie, donde su relación se hizo más estrecha y comenzaron a buscar alguna solución para todo el lío de los zombis, hasta llegar a la disparatada conclusión de que preparar un viaje en el tiempo era la única solución posible para arreglar el desaguisado. Estuvieron hablando durante años del tema: cómo evitar paradojas temporales, cómo enviar material a través del tiempo, cuándo debían mandar los mensajes para evitar el brote del virus, etc.

Hasta que por fin un día lo lograron.

Por última vez en el libro, remito al lector de nuevo a una época futura, en la cual Bea y  medio Roberto se disponen a realizar el primer viaje en el tiempo de la historia del ser humano. O de la historia de los zombis, según como se mire.

–¿Entonces que me vas a hacer?

–Verás, tú no vas a viajar en el tiempo, sino que lo harán tus ondas mentales. Digamos que voy a coger todo lo que tú eres, tus experiencias, tus sentimientos, tu alma. Todo. Lo voy a meter en un archivo comprimido y lo voy a mandar a tu cerebro de hace veinticinco años. Además, tomando los datos de los otros experimentos he descubierto otras cosas la mar de interesantes. Mediante los resultados de los viajes de la nota y de tus piernas ha sido posible triangular la posición donde se enviaron estas cosas y extrapolar la línea temporal hasta hoy. Como curiosidad te diré en que día estamos: veinte de Mayo del 2040.

–Precioso día.

–Y con esto soy capaz de mandarte a la fecha y hora exactas que queramos.

–Estupendo, todo son buenas noticias.

–A eso vamos, a las malas. De igual forma que en el caso anterior he actualizado los datos de la posición. Al parecer esta máquina tiene predilección por ti.

–¿Comooorrr?

–Sí, lo sé, no tiene ni pies ni cabeza. Cuando la construiste pasaste mucho tiempo delante de estos hierros, impregnándolos en cierta forma con tus partículas… putas. Por esto, siempre que hemos mandado algo al pasado ha ido a parar a algún lugar cercano a ti. Ocurrió con la nota, con tu mitad inferior, y finalmente con tus dedos.

–¿!Dónde están mis dedos!?

–¿No lo adivinas? Están en el laboratorio CHEVIRAL, una semana antes de que la plaga se extendiese globalmente. Siento decirte que eres el jodido causante de todo este embrollo zombi.

SORPRESA[1]

La responsabilidad del apocalipsis había caído como un jarro de agua fría sobre los hombros de Roberto. Él era el culpable de todas esas muertes de amigos, familiares, de Juan… se quedó en estado de shock durante unos segundos hasta que Bea le hizo volver en sí.

–¿Te ha quedado claro? Pero aunque todo esto haya sido por causa tuya, tienes que recordar que eres el único que puede repararlo. Debes viajar al pasado y destruir todo resto del virus que haya en el laboratorio. Plantéatelo como quieras. Una bomba, un incendio, o quizás encontrar tus dedos antes de que contagien a alguien. El caso es que debes evitar el brote del virus a toda costa.

Roberto estaba motivado a limpiar el mundo del maldito virus zombi, pero no dejaba de darle vueltas a todo el tema de la paradoja temporal. ¿¿¡¡Si su infección era debida a su propia infección de donde había salido la infección que había causado la primera infección!!?? En fin. Daba dolor de cabeza. Esto no lo resolvía ni Punset.

–El nuevo dispositivo está preparado. –La científico sacó un roñoso casco de motocicleta, equipado con una suerte de sensores y electrodos que lo hacían parecer el casco de Robocop. – Se pone como un casco normal, sujetando estos sensores aquí, y aquí. ¿Estás preparado para que te mande al pasado?

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–Sí, estoy listo pero… ¿Qué ocurrirá contigo? Si borro esta línea temporal jamás… jamás habrá ocurrido lo nuestro, no recordaras todas estas noches que hemos pasado juntos, los momentos buenos, los malos… No me conocerás.– Bea miró a Roberto con una dulzura que no era normal en ella.

–En estas cosas reside la belleza de la efimeridad de la existencia. Mientras exista no te olvidaré, y mientras me recuerdes, jamás dejaré de existir.

Los dos científicos se dieron un fuerte abrazo que logró detener el tiempo en la habitación durante unos segundos.

–¿Estás preparado para irte?

–Preparado, no aguanto más en esta puñetera cama.

–Tienes diez días, espero que sea suficiente.

–Lo será. Hasta luego, cariño.

–Hasta luego.

Al conectar el casco, la visión de Roberto se llenó de diminutos puntos rojos que iban aumentando de tamaño, hasta llenar por completo su campo visual. Y después, la oscuridad.

Desde la perspectiva de Bea, el casco provocó que todos los orificios de la cabeza de Roberto emitiesen una intensa luz roja, como si se tratase de una calabaza de Halloween, para posteriormente desfallecer dejando su cuerpo vacío y hueco.

Por fin, muerto.

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