Capítulo XXXII

Capítulo 32. El corte chino.

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Los dos amigos habían vuelto a su piso, después de una intensa noche de vigilancia. Descansaron unas pocas horas antes de ponerse de nuevo al trabajo. Roberto tuvo una de las alegrías más grandes de su vida al despertarse y ver que su viejo amigo le estaba esperando levantado y listo para la acción. Y sí, hablamos de su pene. No había tiempo para saludarse como es debido y ponerse al día, por lo que únicamente intercambiaron un leve gesto con la cabeza.

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En las películas de acción, los protagonistas siempre tienen algún amigo o conocido que se encarga de conseguirles el equipamiento que necesiten, bien sean armas, ropa, herramientas, planos, etc. En el mundo real, esta figura no es tan común como en las pelis y nuestros amigos tuvieron que dirigirse al proveedor de artilugios, útiles y enseres más estandarizado. Esto es, el chino de la esquina.

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Allí pudieron conseguir todo lo que podían necesitar: Unas pinzas para coger los dedos infectados, un pequeño recipiente de polipropileno con tapa hermética (sí, un tupper…), pasamontañas para no ser reconocidos, y otra suerte de objetos que el equipo consideró necesarios para llevar a cabo esta misión. Por supuesto cayeron también cincuenta céntimos en chicles, como ocurría siempre que iban a ver al chino.

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Estuvieron el resto de la tarde urdiendo, perfilando y repasando el elaboradísimo plan que iba a permitirles penetrar en la fortaleza CHEVIRAL. La idea era infiltrarse con la tarjeta de la limpiadora y encontrar lo más rápido posible los dedos de Roberto. Tenían como única pista la luz roja que aparecía justo antes de enviar algo a través del tiempo, por lo que debían estar atentos a cualquiera de estas señales.

Esa misma noche volvieron a Valencia a comprobar si los hábitos de la limpiadora se repetían, dirigiéndose hacia su lugar de trabajo a la misma hora que el día anterior. Y así fue.

Las malas noticias llegaron cuando la mujer entro por la puerta principal del laboratorio. Les llamó la atención que el vigilante de seguridad encargado de la planta baja, se acercase a saludar a la limpiadora. Se podía adivinar cierta actitud amorosa entre ellos, delatada por la forma en que ella le miraba, del mismo modo que una quinceañera mira un póster de Jastin Biber, y sobre todo por la forma en que él le amasaba las nalgas de forma descarada. Esto complicaba un poquito las cosas.

De igual manera que la noche anterior, llegadas las cinco de la mañana, la limpiadora abandonaba el edificio. Los jóvenes volvieron a acompañarla sigilosamente hasta su hogar, confirmando que aquella era su residencia habitual.

Durante el camino de vuelta a casa, los chicos discutieron formas de poder superar el obstáculo que el vigilante de la planta cero suponía. En el plan principal se pretendía pasar totalmente desapercibidos para evitarse problemas con la justicia, y esto dejaba fuera de lugar el robo, el secuestro, la coacción y, por supuesto, el asesinato. Pero como se suele decir, no se puede hacer una tortilla sin romper unos pocos huevos.

Cocinero-Cook

Tras descansar de nuevo en Castellón y preparar todo el material necesario, se dirigieron hacia la casa de la limpiadora, una tal Carmeta. Pero eso mejor os lo cuento en el próximo capítulo, que en este no me cabe.

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