Avance Comecocoz 2

Buenas chic@s!

Para que no os penséis que os tengo abandonados os voy a regalar un pequeño avance de la posible y probable continuación de Comecocoz. Ahora mismo todavía está al 10 o 15%, pero voy dándole forma a la segunda parte en mis ratos libres. Los capítulos son un poco más largos de a lo que os tengo acostumbrados, pero que no cunda el pánico. Se leen en 10 minutos.

Lo dicho. ¡Espero que os guste!

Capítulo 1. Entrevista de trabajo.

 Martes. 9:00 de la madrugada. Es la primera vez que me toca levantarme tan temprano en semanas. Había estado un poco decaído por mi situación personal durante unos cuantos días, pero ya era hora de intentar tomar las riendas de mi vida de nuevo. Ese día dejé atrás al sofá, las cajas de cereales y a Susana, la presentadora rubia que me hacía compañía todas las mañanas. Conseguir un nuevo empleo era el primer paso para intentar recuperar mi anterior vida.

Por supuesto llegué puntual a la entrevista. Llevaba puesto mi mejor conjunto, un traje negro, liso, dos botones, de corte clásico pero con toques modernos. Estaba preparado para triunfar. Joder, hubiera conseguido enseñar calculo diferencial a Belén Esteban.

Entré en el espacioso despacho que me indicó la secretaria y me senté en frente de tres señores trajeados atrincherados tras una mesa de roble absurdamente larga. Debían rondar todos los treinta y pico, como yo, pero se les notaba cierta aura de mala hostia que acojonaría a cualquier aspirante cobarde o poco resuelto. Ese no era yo, de eso seguro. De pronto, el entrevistador situado más a la derecha de los tres se aclaró la garganta.

―Siéntese ―me ordenó, señalando a una solitaria silla que había en medio de la habitación―. Verá señor Rela, hemos estado leyendo su curriculum y es envidiable, la verdad. Terminó la licenciatura en Física en cinco años, tiene varios máster, trabajó durante un año en el CERN… ¿Qué hizo allí, si puede saberse?

―Estuve de becario un año y medio con el doctor Richard Zäpfchen. Básicamente hicimos trabajo de investigación sobre nuevos tipos de partículas: mesones, piones, gluones, etc. Hicimos múltiples experimentos en el acelerador de partículas. Fue una experiencia increíble, la verdad.―Realmente lo que hice en aquellas prácticas fue preparar cafés y hacer fotocopias a cascoporro, como buen becario, pero tampoco iba a desmerecerme voluntariamente. Soportar las excentricidades de un científico alemán venido a menos durante todo ese tiempo también tenía su mérito.

―Bien, muy bien. Luego trabajó unos años en la Universidad Politécnica de Valencia desarrollando métodos de polimerización de última generación. Más tarde lo contrataron en Expert Industries donde estuvo trabajando de director de proyectos hasta hace prácticamente un mes. ¿Por qué dejó su anterior empleo?

―Esa es una buena pregunta, pero para responderla me gustaría explicarles algo. Verán, mi vida siempre ha sido como una montaña rusa, con épocas en las que todo me salía bien, tenía éxito y el universo me sonreía y épocas… bueno, un poquito peores.―Pude ver como el entrevistador colocado más hacia la izquierda tomaba notas en una pequeña libreta al tiempo que escuchaba mi historia. O eso o estaba haciendo un sudoku.―Por ejemplo, en el instituto, tuve una desarrollo bastante temprano, lo que me confirió el atractivo masculino que las chicas buscaban en esa edad y la voz profunda y grave que los chicos admiraban. Fui de los primeros en conseguir un teléfono móvil de aquellos polifónicos, ¿los recuerdan? En resumen, que literalmente era el rey del mambo. Pero todo cambió el día de la función de fin de curso…

―¿Qué ocurrió? –preguntó ahora el de la izquierda, con curiosidad.

―Verán, se me encargó presentar la función de la tarde, es decir, dar paso a los múltiples grupos que pretendían mostrar algo al resto del colegio. Nunca he tenido miedo escénico, pero lo cierto es que esa tarde los nervios me pasaron factura. Se me agarraron fuertemente a los intestinos y no me los pude quitar en todo el día. Bueno, total. Que justo al comienzo de la función estaba yo allí, en medio del escenario, con un par de focos para mí solo. Todos pendientes, manteniendo un escrupuloso silencio.

―De repente, un pedo. Un gigantesco y monstruoso pedo se revolvió dentro de mi intestino reclamando espacio y no tenía otra opción que darle salida. Se me ocurrió que carraspeando un poco quizás no se escuchase tanto la flatulencia, por lo que así lo hice. Carraspeé y me peí. Aquí comienza mi pesadilla. Por un lado, el carraspeo fue algo más fuerte de lo habitual y terminó arrancando una contundente flema del fondo de mi garganta que se convirtió en un moco del tamaño de una almendra. Por otro lado, el pedo consiguió salir a la frecuencia justa de modo que mis nalgas resonaron de forma grotesca y se pudo escuchar su vibración hasta en el gimnasio. Por si fuera poco, el pedo salió ligeramente acompañado de su primo mojón, dejando una espantosa zurraspa en mis pantalones blancos. Traté de ocultar el moco gigantesco que tenía en la boca tragándomelo. Pero fue la segunda mala idea de la tarde. El asco que me produjo semejante flema deslizándose lentamente por mi garganta fue suficiente para provocarme una serie de violentas arcadas que terminaron en un potentísimo vómito que terminó mojando hasta los de la tercera fila. Debido al cumulo de emociones me colapsé y caí desmayado en el escenario. Y así fue como terminé el instituto. Desmayado sobre un charco de mierda, vómito y orín.

―¿Orín?

―Sí. Por si fuera poco al desmayarme perdí el control de los esfínteres y bueno…

―Una historia trágica, sin duda. ¿Cómo logró terminar el bachillerato? –preguntó de nuevo el de la derecha.

―Obviamente me convertí en un paria. No me saludaba ni Willy, el conserje. Bueno, se llamaba Paco, creo, pero era pelirrojo y calcadito al famoso escocés. Total, que “gracias” a ese aislamiento no tuve más remedio que concentrarme al máximo en mis estudios y así fue como conseguí prepararme para ser el científico que soy ahora.

―¿A qué viene contarnos toda esta historia, señor Rela? No veo donde quiere ir a parar.

―Pues verá. Resulta que hace un mes mi vida empezó a desmoronarse otra vez. Perdí mi empleo, mi dinero, mi familia… lo perdí todo. Y ya estoy listo para volver a ser mi mejor yo. Quiero trabajar con ustedes para poder reconstruir mi vida, desde abajo.

―Eso está muy bien, pero no estamos seguros de que usted encaje en el perfil que estamos buscando. Está… bueno… sobre cualificado para trabajar en cualquiera de nuestros restaurantes de comida rápida. Incluso para trabajar de gerente. Son puestos que suelen ocupar ingenieros y arquitectos. ¿Por qué no intenta volver a trabajar en investigación?

―Verá, debido a lo que ocurrió en mi anterior empleo me retiraron la licencia –expliqué, transmitiendo toda la pena que sentía a través de mi mirada―. No podré volver a ejercer de físico. Ni en este país ni en cualquier otro que valga la pena.

―Pero, ¿qué fue lo que le ocurrió? ¿Qué hizo?

―Verán caballeros, les he contado la historia de mi adolescencia para no tener que recordar lo que me sucedió hace poco. No estoy preparado para hacerlo. Todavía no lo he superado. Pero en definitiva ha sido algo que no he podido controlar y que no ha sido responsabilidad mía.

De pronto, el entrevistador sentado en el centro dio un fuerte manotazo sobre la mesa.

―Salgan fuera –ordenó.

Los dos entrevistadores y yo obedecimos ipso facto, levantándonos de un brinco de la silla.

―David, usted no.

―Oh. Claro. Vale.

La puerta del despacho se cerró suavemente dejándome solo con el tipo de las gafas de sol. El muy cabrón permaneció callado varios segundos, hasta que vio que me lanzaba a romper el silencio.

―Bueno, bueno. David Rela. Así que su vida no está yendo muy bien últimamente, ¿eh?

―Así es. Como he dicho, han sido una serie de acontecimientos desafortunados que me ha sido imposible evitar. Son los designios del universo.

―Pues yo creo que sí que hay una razón para lo que le ha ocurrido. Es más. Diría que se lo merece.

―¿Disculpe?

―Sí, sí. Ha escuchado bien. Todo lo que le ha ocurrido, tanto lo de su familia como lo de su trabajo, responde a un principio universal básico como es la causalidad. El desenlace lógico y evidente de la revelación de secretos y la conspiración que usted llevó a cabo hace 46 días.

―No sé de qué me está hablando ―contesté, poniendo la misma cara de cuando mi madre me preguntaba si había fumado.

―Hablo del “Expediente Warren”. ―Al volver a escuchar ese nombre palidecí inmediatamente―.

―¿Se refiere a la película de terror?

―No. Sabes perfectamente a qué me refiero. El archivo que hablaba de nosotros, de nuestra raza. ―En estos momentos el miedo y la ansiedad inundaron hasta el último rincón de mi cuerpo. Jamás en toda mi vida había estado tan acojonado. Bueno, sin contar aquella vez, con 16 años, cuando mi novia tuvo un retraso de seis días.― Metiste las narices en el sitio equivocado y ahora tienes que acarrear con las consecuencias. No vas a encontrar ningún trabajo. Jamás. Tu único posible futuro es terminar debajo de un puente, calentándote al fuego de un bidón en llamas y durmiendo sobre unos sucios cartones. Y si sigues tocando los cojones, consideraremos incluso eliminarte.

―Entonces, ¿lo que leí en aquel expediente era cierto?

En este punto de la conversación el tipo de las gafas tiró del cuello de su camisa, dejando visible una extraña marca unos centímetros más arriba de la clavícula. Tenía la forma de dos círculos concéntricos con un punto más oscuro en el centro. Reconocí aquella marca de las imágenes del dichoso expediente Warren.

―Y ahora lárguese. Pero recuerde, señor Rela. Si volvemos a escuchar alguna noticia suya puede darse por muerto.